PAISAJES COTIDIANOS 1998

“El paisaje natural no existe; porque cada mirada supura palabras, lenguas artificiales, producto de hombres. No quedan parajes vírgenes, sólo invisibles.

Cada paisaje es una actitud, una opción meteorológica, un descampado subjetivo. Cada paisaje es un color, una gama, una ausencia de colores. Cada paisaje es una elección de memoria, pocas veces la voluntad de una atenta mirada.

No se puede mentir acerca de lo que no existe: Porque todo es posible. Así cualquier indicio, recuerdo, nostalgia o fotografía del paisaje inventado es siempre verdadera..."

    Con la serie "Paisajes cotidianos" quería cuestionar el estatuto de la fotografía, preguntándome qué es lo que la diferencia de otros medios, como  ejemplo la pintura, la imagen digital, o el grabado. Para ello produje imágenes "no referenciales" a partir de referentes reales, "los referentes de mi nevera" (morcillas, lechugas, carnes...), transformándolos en paisajes soñados.

De alguna forma hablar de que la realidad nada tiene que ver con el medio que estamos usando; puesto que la línea que separa la realidad de la ficción, es muchas veces, un problema de apariencia, no de contenido.

En la  mutación “de bodegones a paisajes” ha salido a la luz también la disolución del concepto de género, como categoría valida para clasificar o analizar las imágenes fotográficas. Ya que mediante su uso las cosas pueden cambiar de género: lo que antaño era una naturaleza muerta ahora es un espacio. Junto a este planteamiento convivía la preocupación por la naturalidad con la que nos inventamos nuestro entorno para poder sobrevivir en él, …quizá sólo he mutado lo que tenía en el frigorífico en cibermundos caseros para convencerme de que las cosas nunca son lo que parecen.

Estas preocupaciones eran debidas al replanteamiento de mi urbanita vida dónde consumo más imágenes artificiales que naturales, dónde el paisaje natural sólo existe en mi memoria, y dónde mi mayor acercamiento a la naturaleza está en el momento de hacer la comida. 

 

Roberto Enríquez, “Para unas fotografías de Toya Legido”. Ed: Comer Arte. 1998